Después de los resultados de las últimas elecciones autonómicas en Extremadura, empieza a sonar la idea de que el PSOE se abstenga en la sesión de investidura de María Guardiola "por responsabilidad". Incluso algunos socialistas -por ejemplo, el alcalde de Mérida- parecen no cerrarse a esta posibilidad.
Se trata, una vez más, de cargar en las espaldas del PSOE la responsabilidad que María Guardiola -como su compañero Jorge Azcón después- no tuvo cuando adelantó las elecciones en su territorio con la pretensión de deshacerse de la presión de VOX y humillar al PSOE. En una situación que podríamos llamar normal, la de un Partido Popular comprometido con los valores democráticos, los Derechos Humanos y la moderación, esta petición podría plantearse. Hoy es evidente que el PP está muy lejos de todo eso y, por tanto, la petición es absolutamente improcedente.
Para que el PSOE se abstuviera en la investidura de un presidente o presidenta del Partido Popular sería necesario un compromiso férreo del PP con valores muy distintos a los que abraza desde hace años. El cordón sanitario a la derecha neofranquista tendría que aplicarse ahora con carácter retroactivo, de manera que el PP abjurase de toda la colaboración con VOX en todo tipo de gobiernos desde 2018, cuando los andaluces tuvimos el dudoso honor de abrir a la extrema derecha las puertas de la política institucional -por cierto, fue Juan Manuel Moreno, el moderado, quien inició esa colaboración-. Solo con una ruptura radical con las políticas de revisionismo histórico, negacionistas del cambio climático, destructoras de los servicios públicos y contrarias a los Derechos Humanos; y con un compromiso firme y verificable de defensa de los pilares básicos del Estado social y democrático, así como de reciprocidad con el PSOE, sería posible empezar a discutir sobre este asunto.
Es evidente que el Partido Popular está muy lejos de todo esto. Antes al contrario, el PP practica un seguidismo de las políticas de VOX que hace imposible diferenciar las posturas de unos y otros. Y si analizamos los hechos, el resultado es aún peor: ¿por qué no se abstuvo el PP para que gobernase en minoría Guillermo Fernández Vara en 2023, habiendo sido el PSOE la fuerza más votada? ¿Hay garantías de que la abstención del PSOE y la consecuente investidura de María Guardiola no se convierta en un cheque en blanco para gobernar apoyada por VOX? ¿Es asumible que validemos a la candidata extremeña mientras su partido cuestiona la legitimidad del gobierno de coalición de Pedro Sánchez?
