viernes, 9 de octubre de 2026

FRENTE AMPLIO

Escribo como persona progresista y militante del PSOE, sin que las posiciones que defiendo en este texto sean necesariamente las de la agrupación que dirijo. Simplemente trato de contribuir a un debate que considero necesario. 

El éxito de las izquierdas en las próximas elecciones generales del 29 de noviembre depende de la inteligencia y la generosidad de las distintas fuerzas políticas. La constitución del llamado "Frente Amplio" como coalición electoral de, al menos, Sumar, Podemos e Izquierda Unida es una condición necesaria para dicho éxito, pero no suficiente. Esperemos que los agentes que operan en este espacio sean capaces de llegar a acuerdos para ello.

En territorios como el País Vasco, la Comunidad Valenciana, Galicia o Cataluña hay un factor más a tener en cuenta: la presencia de fuerzas políticas de izquierda de corte regionalista o nacionalista. Estos partidos difícilmente van a integrarse en ese Frente Amplio de ámbito estatal. No es de esperar que partidos como Esquerra Republicana de Catalunya se incorporen a este proyecto. En días recientes, Joan Baldoví, de Compromís, ya ha dejado claro que ellos concurrirán con su marca en las circunscripciones de la Comunidad Valenciana, aunque se abre a incorporar en sus listas a miembros del Frente Amplio. Es decir, aunque no renuncia a su marca, ofrece generosidad -al menos aparente- para integrar en sus listas a personas de la candidatura de izquierda estatal.

La idea de Baldoví conecta con una necesidad evidente: que en ese espacio ubicado "a la izquierda" del PSOE solo haya una papeleta en cada circunscripción. Esto es fundamental para rentabilizar al máximo los votos emitidos a esta candidatura. Por tanto, lo inteligente es que este Frente Amplio no presente candidatura en las circunscripciones en que ya existe una fuerza de izquierda local que pueda aglutinar el voto, y lo generoso es que esta izquierda local abra su candidatura a representantes del Frente Amplio. Ambas cosas deben darse en la justa medida para conseguir una competencia virtuosa en ese espacio político.

Por otra parte, toda la izquierda, incluido el PSOE, debe confluir en candidaturas únicas al Senado, especialmente en las circunscripciones pequeñas. Ya existe una iniciativa independiente para esto, que puedes consultar aquí. Se trata de impedir que las derechas instrumentalicen el Senado, como ha ocurrido en esta legislatura, con fines obstruccionistas o de propaganda. Y aquí debe ser el PSOE quien se abra a la generosidad con inteligencia. Caben dos opciones: formar coaliciones electorales con la fuerza de izquierda predominante en cada circunscripción, según lo indicado en párrafos anteriores, o acoger a representantes del Frente Amplio o la fuerza regionalista/nacionalista correspondiente en la candidatura del PSOE. El riesgo de un uso espurio de la Cámara Alta en la próxima legislatura está más que acreditado según lo que se ha visto en la actual. Por tanto, no caben excusas.

Hay una cuestión más a abordar en relación con el aprovechamiento del caudal electoral de las izquierdas y su traducción en escaños efectivos. Para no irnos muy lejos, pongo el ejemplo de la provincia de Almería. Desde la llegada de la democracia, el espacio político "a la izquierda" del PSOE solo ha obtenido representación en el Congreso en las elecciones de 2015, cuando Podemos logró un diputado por esta circunscripción. El porcentaje de voto de este espacio de izquierdas ha oscilado entre el 2,7% y el 13,1%, con una media del 7,4% (datos entre 1977 y 2019, de Wikipedia). Por poner un ejemplo, en las elecciones generales de 2023, Sumar obtuvo un total de 21.127 papeletas en la provincia, con un 6,6% del voto emitido. Almería no es, ni mucho menos, el único caso.

¿Qué hacer entonces? La idea recurrente, elección tras elección, es apelar al "voto útil", a la concentración del voto de izquierdas en el PSOE en este tipo de circunscripciones. Una apelación que se demuestra inútil elección tras elección y que condena al bloque de izquierdas a ver mermada la representación parlamentaria que le corresponde de acuerdo con su base electoral. Es evidente que el electorado de esa "izquierda a la izquierda del PSOE" no parece dispuesto a renunciar a sus preferencias. 

En la situación actual se impone actuar, como ya se ha dicho, con inteligencia y generosidad. Es necesario plantear la integración de representantes del Frente Amplio en las candidaturas del PSOE en circunscripciones como la de Almería. Sus electores demostrarían inteligencia poniendo en la urna la papeleta del PSOE y el PSOE demostraría generosidad y se armaría de razón para pedir, ahora sí, el voto útil. 

 

domingo, 15 de febrero de 2026

¿ABSTENCIÓN?

Después de los resultados de las últimas elecciones autonómicas en Extremadura, empieza a sonar la idea de que el PSOE se abstenga en la sesión de investidura de María Guardiola "por responsabilidad". Incluso algunos socialistas -por ejemplo, el alcalde de Mérida- parecen no cerrarse a esta posibilidad. 

Se trata, una vez más, de cargar en las espaldas del PSOE la responsabilidad que María Guardiola -como su compañero Jorge Azcón después- no tuvo cuando adelantó las elecciones en su territorio con la pretensión de deshacerse de la presión de VOX y humillar al PSOE. En una situación que podríamos llamar normal, la de un Partido Popular comprometido con los valores democráticos, los Derechos Humanos y la moderación, esta petición podría plantearse. Hoy es evidente que el PP está muy lejos de todo eso y, por tanto, la petición es absolutamente improcedente.

Para que el PSOE se abstuviera en la investidura de un presidente o presidenta del Partido Popular sería necesario un compromiso férreo del PP con valores muy distintos a los que abraza desde hace años. El cordón sanitario a la derecha neofranquista tendría que aplicarse ahora con carácter retroactivo, de manera que el PP abjurase de toda la colaboración con VOX en todo tipo de gobiernos desde 2018, cuando los andaluces tuvimos el dudoso honor de abrir a la extrema derecha las puertas de la política institucional -por cierto, fue Juan Manuel Moreno, el moderado, quien inició esa colaboración-. Solo con una ruptura radical con las políticas de revisionismo histórico, negacionistas del cambio climático, destructoras de los servicios públicos y contrarias a los Derechos Humanos; y con un compromiso firme y verificable de defensa de los pilares básicos del Estado social y democrático, así como de reciprocidad con el PSOE, sería posible empezar a discutir sobre este asunto.

Es evidente que el Partido Popular está muy lejos de todo esto. Antes al contrario, el PP practica un seguidismo de las políticas de VOX que hace imposible diferenciar las posturas de unos y otros. Y si analizamos los hechos, el resultado es aún peor: ¿por qué no se abstuvo el PP para que gobernase en minoría Guillermo Fernández Vara en 2023, habiendo sido el PSOE la fuerza más votada? ¿Hay garantías de que la abstención del PSOE y la consecuente investidura de María Guardiola no se convierta en un cheque en blanco para gobernar apoyada por VOX? ¿Es asumible que validemos a la candidata extremeña mientras su partido cuestiona la legitimidad del gobierno de coalición de Pedro Sánchez? 

El PSOE es el único de los dos grandes partidos que se abstuvo para favorecer la investidura del candidato rival a la Presidencia del Gobierno. Por tanto, nuestro partido ya pasó con creces la prueba de la responsabilidad. Corresponde ahora al PP elegir entre comportarse con la responsabilidad inherente a un partido que se dice "de Estado" o continuar en su deriva hacia la fusión con la derecha neofranquista. Me temo que está más cerca de lo segundo que de lo primero.